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.Universidad del Valle de México :: Rectoría Institucional. Episteme No. 8-9. Año 2, Octubre-Diciembre 2006
Dirección Institucional de Investigación e Innovación Tecnológica


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Las influencias familiar y social en la anorexia
y la bulimia,
el caso de Saltillo, México



Mariamparo A. Hernández García
UVM–Saltillo

 

Resumen
La investigación se propuso identificar la incidencia de sintomatología de trastornos alimenticios en habitantes de la ciudad de Saltillo, así como el nivel de funcionalidad de las familias y la influencia social que los medios de masivos de comunicación tienen en la aparición y fomento de la anorexia y la bulimia. El estudio consideró una muestra de 100 estudiantes de primer grado en una preparatoria pública de nivel socioeconómico medio-bajo y otros 100 de una preparatoria privada de nivel medio-alto. Se aplicó un instrumento para evaluar sintomatología, imagen corporal, funcionamiento familiar, influencia social y medios de comunicación. Entre los resultados destaca que uno de cada cuatro estudiantes padece síntomas relacionados con trastornos alimenticios. Los factores que presumiblemente influyen en ellos, son: la presión de sus iguales y del sexo opuesto para ser aceptados; la autoimagen distorsionada que los lleva a percibirse gordos, aunque no lo estén, y factores familiares como la percepción de una madre central perfeccionista y un padre periférico dificultan la comunicación interna. También se encontró un lazo excesivo de lealtad y dependencia familiar.


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Introducción :: Definiciones :: Etiología :: Objetivos :: Población :: Instrumento


Metodología :: Resultados :: Conclusiones :: Referencias :: Bibliografía :: Acerca de la autora

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Introducción

Los datos proporcionados por la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) en el Manual de Diagnóstico Psiquiátrico hacen referencia a los problemas registrados entre la población de Estados Unidos de América y en algunos países de Europa, especificando una incidencia de anorexia-bulimia nerviosa del orden de cuatro por cada diez mujeres de entre 15 y 19 años de edad [1]. Por desgracia, dichos trastornos alimenticios se han convertido en una pandemia que logró traspasar las fronteras y, de acuerdo con el DSM IV, hoy representan un problema severo en la sociedad occidental.

Múltiples investigaciones realizadas en Europa y Estados Unidos identifican las peculiaridades generales de la enfermedad; sin embargo, no podemos transpolar en forma automática la aplicación de los conceptos y construir con base en ellos rigurosas explicaciones a las particularidades de la problemática entre nuestra población. Reconocemos que la cultura mexicana es diferente a las europeas y norteamericana en muchos aspectos. Los cambios registrados en las últimas décadas, entre ellos la introducción de la mujer en el mundo laboral, han transformado las relaciones intra e interfamiliares, además de las sociales, provocando en algunos grupos femeninos sentimientos de culpabilidad, búsqueda de consensos, competencia profesional y reconsideración de su propio lugar en la producción material y simbólica. Tal acomodamiento se refleja en una sobreprotección inadecuada de la mujer en el hogar. Además, es reconocido que existe entre los mexicanos una sobrevaloración de la unión familiar.

De acuerdo con las circunstancias mencionadas, es necesario efectuar investigaciones que permitan producir datos propios para comprender el por qué proliferan trastornos como la anorexia y la bulimia en nuestra sociedad, así como elaborar programas de prevención, por ejemplo, en la escuela primaria y secundaria, encaminados a que los jóvenes no adopten esquemas impuestos por la moda en lo que respecta a su propio cuerpo.

La población juvenil es un campo fértil para la proliferación de trastornos como los mencionados, particularmente si consideramos los factores siguientes:

  • México está integrado, en su mayoría, por jóvenes expuestos a una influencia cultural anti-obesidad dictada por los medios masivos de comunicación estadounidenses, mismos que glorifican una exagerada esbeltez y promueven información sobre dietas reductivas e hipocalóricas, al tiempo de propiciar la fobia hacia la gordura. Mundialmente, la figura corporal escuálida es aceptada como sinónimo de belleza.
  • La necesidad de México de incorporar a la mujer a la fuerza productiva, misma que ha gestado un cambio en la estructura familiar.
  • La desintegración familiar creciente en la ciudad de Saltillo (una de las tres con mayor número de divorcios en México).
  • La ambigüedad actual sobre el rol femenino en la sociedad, situación que genera confusión entre adolescente y jóvenes, colocando a las mujeres en una posición de inseguridad.

Por lo anterior, es necesario obtener datos de la realidad del país para profundizar en el conocimiento de las causas de la anorexia y la bulimia nerviosas y el consumo compulsivo de alimentos. En este sentido, la investigación aborda la relación existente entre los trastornos alimenticios y las formas de relación intrafamiliares y sociales que favorecen la aparición y permanencia de dichos trastornos.

La particularidad de la anorexia y bulimia radica en su dimensión como actos que llegan a ser irrefrenables para quien los padece, implicando riesgos físicos severos e incluso la muerte. La problemática envuelve a los jóvenes en un estado de angustia e indefensión crecientes, llevándolos a altos riesgos de salud al tiempo de arrastrar a la familia hacia un torbellino de dolor y desesperación.

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Definiciones

El término actual anorexia, así como su equivalente latino inapetentia provienen del griego anoertous o asitous, que alude a quienes carecen de apetito o evitan el alimento y comprende, a su vez, condiciones de mayor complejidad como la condición de personas que ya no desean, que ya no tienden hacia…., “por tanto la palabra anorexia hace referencia a quien carece de apetito hacia la comida, hacia la existencia, hacia la vida”. [2]

Generalmente, la anorexia nerviosa se define como un síndrome que afecta a las mujeres adolescentes, pero que también puede presentarse en prepúberes y adultas y, en menor medida, en los hombres. Está caracterizada por una pérdida de peso autoinducida por medio de la restricción alimentaria o el uso de laxantes, diuréticos, vómitos o exceso de ejercitación física [3].

En la clasificación del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-IV (APA, 1994) encontramos los criterios para el diagnóstico de anorexia nerviosa, a saber:

Rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor mínimo normal considerando la edad y la talla (por ejemplo, pérdida de peso que da lugar a un peso inferior al 85% del peso esperable, o fracaso en conseguir el aumento de peso normal en el período de crecimiento).

Miedo intenso a ganar peso o a convertirse en obeso, incluso estando por debajo del peso normal.

Alteración de la percepción del peso o la silueta corporal y exageración de la importancia en la autoevaluación o negación del peligro que comporta el bajo peso corporal.

En las mujeres pospúberes hay presencia de amenorrea, por ejemplo, ausencia de al menos tres ciclos menstruales consecutivos (se considera que una mujer presenta amenorrea cuando sus menstruaciones aparecen únicamente con tratamientos hormonales).

Es importante destacar que se distinguen dos formas de anorexia nerviosa:

Tipo restrictivo. La persona no recurre, regularmente, a excesos en la comida ni a purgas.
Tipo compulsivo/purgativo. La persona recurre, con frecuencia, a atracones de comida o purgas (provocación del vómito o uso excesivo de laxantes, diuréticos o enemas).

Por otra parte, de la bulimia diremos que etimológicamente significa hambre de buey. Es la forma particular de ingesta excesiva de alimentos, acompañada del temor a engordar, sensación de pérdida de control, remordimientos y distintos intentos de anular lo hecho. El atracón de comida generalmente es en secreto y conlleva el sentimiento de vergüenza en caso de ser observado. La comida es ingerida rápidamente, para luego dar paso a actos compensatorios como el vómito autoinducido y el uso de laxantes y diuréticos. Estas comilonas se intercalan, generalmente, con una dieta muy restrictiva.

De acuerdo con la clasificación manejada en el DSM IV se destacan como criterios para el diagnóstico de la bulimia nerviosa, los siguientes:

Presencia de atracones recurrentes. Un atracón se caracteriza por:

Consumo, a lo largo de un corto período de tiempo, de una cantidad de alimentos muy superior a la que la mayoría de los individuos consumirían en un período de tiempo similar y en las mismas circunstancias.

Sensación de pérdida de control sobre la ingesta del alimento (sensación de no poder parar de comer).

Conductas compensatorias inapropiadas, de manera repetida con el fin de no ganar peso, como son provocación de vómito, uso excesivo de laxantes, diuréticos, enemas u otros fármacos; ayuno y ejercicio excesivo.

Los atracones y conductas compensatorias inapropiadas tienen lugar, como promedio, al menos dos veces por semana durante un período de tres meses. Ingesta disimulada de alimentos durante la comilona.

La autoevaluación está exageradamente influida por el peso y la silueta corporales:

Intentos repetidos de perder peso con dietas muy estrictas, vómitos autoprovocados o empleo de laxantes o diuréticos.

Frecuentes oscilaciones de peso, superiores a cinco kilos, debido a la alternancia de banquetes y ayunos.

Un estado de ánimo depresivo y pensamientos autodestructivos después de cada episodio de voracidad.

Además, la persona tiene conciencia de que el patrón de la ingesta es anormal y teme no ser capaz de parar voluntariamente. La terminación de tales episodios está acompañada por dolor abdominal, sueño, interrupción social o vómito autoprovocado. Los atracones y las conductas compensatorias inapropiadas tienen lugar, como promedio, al menos dos veces por semana durante un período de tres meses para poderlo diagnosticar como trastorno alimenticio. La autoevaluación está exageradamente influida por el peso y la silueta corporales distorsionada por una percepción equivocada de sí mismo.

En general, se distinguen dos formas de bulimia nerviosa:

Tipo purgativo. La persona se provoca el vómito o usa laxantes, diuréticos y enemas en exceso.
Tipo no purgativo. La persona emplea otras conductas compensatorias inapropiadas, como el ayuno o el ejercicio intenso, pero no recurre a provocarse el vómito ni usa laxantes, diuréticos o enemas.

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Etiología

Algunos investigadores de orientación psicoanalítica consideran que la anorexia y la bulimia nerviosas son el resultado de conflictos psíquicos internos, relacionados con las pulsiones sexuales reprimidas, basadas en un complejo de Edipo no resuelto [4]; llevan a la persona a intensas necesidades de dependencia, infantilismo, aceptación ante los otros y un pobre control de impulsos psíquicos, mismos que pretende compensar a través de mecanismos mórbidos que lo llevan a extremos propios de los trastornos de alimentación, percibiendo la anorexia nerviosa sólo como un síntoma de la histeria. [5]

Minuchin y los seguidores de la teoría de sistemas concluyen que los vínculos patológicos entre el sistema familiar (coaliciones, jerarquías y el tipo de cohesión interna) dan como resultado una comunicación disfuncional, indirecta, poco clara y distorsionada, misma que deriva en una conducta patológica de uno de los miembros de la familia, quien funge como chivo expiatorio, aplacando superficialmente la conflictiva familiar a través de un distractor: la anorexia o la bulimia nerviosas. [6]

Keys y Brozek (Universidad de Minnessota), hacen énfasis en las consecuencias fisiológicas del síndrome de inanición, argumentando que estudios realizados con personas sanas sometidas a una dieta de semi-inanición durante seis meses, mostraron datos importantes y contundentes sobre los efectos psicofisiológicos, entre ellos, varios síntomas similares a los de la anorexia nerviosa, tales como: irritabilidad, ansiedad, dificultad en la concentración, introversión social, preocupación por la comida, depresión, confusión en la imagen corporal, pensamiento obsesivo, conductas compulsivas y déficit en la autoestima. Dichos investigadores se inclinan hacia la hipótesis sobre los efectos de la semi-inanición como provocadores de la sintomatología de la anorexia nerviosa y no a rasgos de la personalidad subyacentes. [7]

Los más aventurados toman en cuenta el aspecto social y cultural, mencionan que la anorexia y la bulimia nerviosas son la consecuencia de una sociedad en decadencia, donde el consumismo y los efectos de los medios masivos de comunicación dan como resultado el síntoma social de los trastornos de alimentación.

En general, existe coincidencia en que los trastornos presentan una patogénesis compleja y sus manifestaciones clínicas son resultado de la acumulación de múltiples factores predisponentes o detonantes y su interacción con la incapacidad del individuo para hacer frente a las demandas psíquicas y sociales en un momento dado.

Por lo anterior, en la presente investigación se subrayan las características de la personalidad expuesta por Selvini Palazzoli por considerar el aspecto premórbido, las características biológicas, familiares y las influencias socioculturales imperantes en la anorexia y bulimia nerviosas. Así, es posible destacar las alta necesidad de las personas por lograr la aprobación externa, su tendencia a la conformidad, falta de respuesta a las exigencias internas, perfeccionismo y escrupulosidad. Son personas con expectativas subjetivas altas, que buscan complacer y acomodarse a las expectativas de los demás, agregándose a esto su relación de dependencia con respecto a determinadas personas de su entorno familiar.

Es típico que los padres describan a estas jóvenes como hijas modelo, siempre colaboradoras, dóciles, efectivas en la atención a sus padres y hermanos, añadiendo que jamás advirtieron conducta negativa alguna en ellas, sino hasta la instalación del cuadro anoréxico. Otras investigaciones señalan que este fenómeno aparece con más frecuencia entre algunos grupos de mujeres debido a que éstas tienen una mayor presión social hacia una determinada imagen corporal. [8]

Algunos rasgos que presentan las familias de jóvenes anoréxico-bulímicos investigadas por Selvini Palazzoli son:

Una excesiva adecuación de sus madres como esposas al comienzo de la relación conyugal.

Una adaptación adecuada para con las necesidades de sus maridos.

La pareja se concede poco tiempo entre sí en tanto esposos, mas no así como padres.

Propician matrimonios muy estables.

Sus familias se mantienen unidas por un poderoso vínculo de lealtad con expectativas demasiado altas entre padres e hijos.

Cada uno de los miembros de la familia lucha por el poder, la importancia y la atención del resto.

Tal pareciera que el código que predomina en sus relaciones es “mejor dar que recibir” y se magnifica el autosacrificio.

Para ellas es muy importante la cohesión familiar, viendo a la familia como un todo, negando las necesidades y deseos individuales a través de un marcado control de impulsos.

El sentido de justicia impera en estas familias, las que pretenden amar a todos por igual.

Las fronteras entre los miembros de la familia son difusas, hay rigidez sobreentrelazamiento y sobreprotección.

Cualquier intento de independencia y autorrealización será tildado de egoísmo.

Por debajo del cuadro superficial de complementariedad armoniosa hallamos una escalada simétrica de sacrificios.

Alguno de los abuelos vive con la familia o depende de ella.

Existe tensión competitiva fuerte entre los hermanos por el amor de los padres [9].

Otro rasgo mencionado en investigación reciente es la dificultad de estos jóvenes en cuanto al control de sus actos, pasando de la pérdida de control al control excesivo, reflejándose esto en sus conductas alimentarias [10].

En realidad no encontramos un consenso acerca de la existencia de un tipo de personalidad y una etiología específica que corresponda estrictamente a las personas con anorexia y bulimia nerviosas; los criterios son muy variados: van desde relacionarla con un tipo de personalidad histérica, depresiva, con esquemas narcisistas y limítrofes, hasta juicios que apuntan a la anorexia sólo como un síntoma provocado, consecuencia de los efectos de la inanición y los cambios electrolíticos sufridos por la desnutrición, pasando a relacionar este fenómeno con un trastorno de tipo adictivo y, por tanto, con una personalidad dependiente, o bien, a describir la etiología como un trastorno familiar que aprisiona a uno de los hijos para que a través del síntoma se mantenga la homeostasis necesaria para el funcionamiento familiar.

Dicha dificultad teórica lleva a especular intensamente sobre las causas que desencadenan la anorexia y bulimia nerviosas y, por lo mismo, a probar entre innumerables métodos el adecuado abordaje terapéutico.

Sin embargo, algo aceptado es que la anorexia y bulimia nerviosas aparecen con marcada frecuencia en el período de la adolescencia, momento en que la persona atraviesa por el proceso de la individuación en las relaciones. La familia debe ser capaz de proporcionar a cada uno de sus miembros el espacio adecuado en su búsqueda de la propia identidad, acompañada por un sentido de libertad y autonomía para que los adolescentes se relacionen hacia fuera del núcleo familiar. Al mismo tiempo, es importante favorecer las relaciones intrafamiliares a fin de conservarlas. Los hijos crecen y los padres también afrontan cambios propios de la edad, por tanto, la familia tiene que reestructurarse y reorganizar su existencia para seguir sana.
Algunas de las características de las familias de muchachas con anorexia y bulimia nerviosas, son: la rigidez, la exagerada cohesión, el poderoso vínculo de lealtad, la voluntad de unión, la dependencia de los padres hacia los hijos y la poca relación entre la pareja como tal. Con estos códigos familiares es fácil suponer que una de las principales dificultades a resolver por la adolescente con anorexia o bulimia nerviosas será la de su propia individuación, situación que la lleva a tratar de obtener el control de sí misma, de su cuerpo, aunque sea a través del trastorno.

Dicho problema de salud se exacerba aún más en las mujeres debido a las demandas sociales a las que están expuestas, como: ser bella, elegante, estar en forma y dedicarle mucho tiempo al cuidado de su persona; pero esto no debe impedirle competir intelectualmente con el hombre; ser tierna y dulce, casarse y representar el tipo ideal de esposa-amante y de madre oblativa. Resulta evidente que el contraste entre tantas e irreconciliables exigencias, al menos teóricas, unidas al espíritu de competencia, a la pretensión de éxito precoz, a la dificultad para adaptar el carácter afectivo-intuitivo de la inteligencia femenina con el rigor lógico-deductivo de tipo viril requerido por los estudios severos, ponen a dura prueba a las adolescentes, en especial a las más sensibles, en su presentación en la escena social.

Por otro lado, la moda de ser delgadas y sofisticadas, la creciente propaganda de dietas y fármacos adelgazantes, el hablar continuamente de niveles calóricos y de peso, como el ridículo social “reservado” a la chica gorda, destinada a ser “solitaria y rechazada”; parecen influir en la adquisición cultural de los trastornos que nos ocupan. La oferta de diferentes artículos alimenticios y la sobre-abundancia alimentaria, incluso la imposición de ésta por los medios masivos de comunicación, favorece la obesidad femenina, pero vivimos el doble factor sociocultural, la exigencia de la delgadez unida a la oferta de alimentos, siendo ésta paradójica. La ambigüedad del rol de la mujer que la lleva a la oscilación entre liderazgo-sumisión, actividad-pasividad y la cada vez mas marcada indefinición de las características psicológicas de los sexos, plantea a la mujer la duda eterna acerca de cuál es su rol.

Es un asunto complicado tratar de explicar por qué aparecen la anorexia y bulimia nerviosas, qué factores las originan y qué hacer para resolver el problema. Estamos ante “una epidemia conectada con lo social”, ante otro mal de mujeres , tal como a inicios del siglo XX lo fue la histeria: se entrelazan factores individuales, familiares, multigeneracionales, económicos y socioculturales.

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Objetivos

De acuerdo con las hipótesis planteadas, formulamos los objetivos de investigación siguientes:

  1. Obtener información crítica básica que permita discriminar diversos grados de síntomas relacionados con la anorexia y la bulimia nerviosas en adolescentes que cursan primer grado de preparatoria.
  2. Identificar factores del funcionamiento familiar que sean predictores de riesgo relativos a trastornos alimenticios.
  3. Encontrar factores sociales vinculados a los medios masivos de comunicación que sean predictores de riesgo para trastornos alimenticios.
  4. Aportar información útil para efectos de investigación, prevención y tratamiento de casos relativos a trastornos de alimentación.

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Población

El estudio consideró un total de 200 estudiantes de primer año de preparatoria, cuyas edades oscilan entre los 14 y los 19 años. El grupo MA estuvo constituido por el 50% de la población, perteneciente a un nivel socioeconómico medio alto, mientras el grupo MB se integró con el 50% restante de los jóvenes, en este caso pertenecientes a la clase media baja. El 60% de la muestra pertenecía al género femenino y el restante al masculino. La muestra fue seleccionada de acuerdo con la composición natural de los grupos de preparatoria en los que fue posible aplicar el instrumento desarrollado para el estudio, por lo tanto, el porcentaje de hombres y mujeres de la población motivo de estudio corresponde a los grupos escolares naturales de acuerdo con las instituciones educativas participantes.

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Instrumento

De acuerdo con los propósitos del estudio, se diseñó un cuestionario con 40 variables, divididas en cuatro apartados: datos generales, diagnóstico de la familia, análisis de la imagen corporal y regulación del peso; estableciéndose medidas a partir de la escala de Lickert. El instrumento fue piloteado previamente con alumnos de primer semestre de carrera universitaria para efectos de su validación, encontrándose una confiabilidad de .81 determinada por el alfa de Cronbach's en todas las variables, con una varianza explicada del 65%. La validez se trabajó en el nivel de contenido, revelando que el instrumento corresponde a la teoría planteada dentro del mismo. Igualmente, identificamos validez de criterio del tipo predictivo y de constructo, al establecer las relaciones entre las variables y sus indicadores; en consecuencia se tiene validez discriminante del instrumento.

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Metodología

En el estudio se utilizó estadística descriptiva, un modelo no experimental y un análisis de medidas de tendencia central y variabilidad.

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Resultados

a) Incidencia

Los resultados permiten identificar que entre la población estudiada están presentes síntomas relacionados con la anorexia y bulimia nerviosas, tales como el sometimiento a dietas restrictivas en ambos grupos (25% de los sujetos); vómitos autoinducidos, con mayor frecuencia en el grupo MB (4%) en comparación con el grupo MA (1%); utilización de laxantes para controlar el peso (alrededor del 5% en ambos grupos); uso de diuréticos para controlar el peso (3% (MA) y 4%, (MB)); los episodios de atracones de comida son mayores del 27% en ambos grupos.

De acuerdo con lo anterior, pudimos concluir que uno de cada cuatro sujetos presentó cuando menos un síntoma relacionado con trastornos en la alimentación.

b) Imagen corporal y regulación de peso

El 15% de la población estudiada no está satisfecho con su figura corporal, percibiéndose gordos sin estarlo, dato que insinúa una fuerte presión concebida hacia la figura esbelta, siendo esto un posible potencializador de los trastornos de alimentación. Asimismo, se observa que alrededor del 20% de la población estudiada siente presión de sus iguales y del sexo opuesto por la exigencia de tener una figura delgada.

c) Diagnóstico familiar

Si consideramos que la comunicación es el elemento más importante para el adecuado establecimiento de relaciones interpersonales, podemos señalar datos sobresalientes de las familias del grupo investigado, saber:

Grupo MB

  • 42% de los sujetos del grupo MB tienen una cercana comunicación con la madre.
  • 20% considera nula la comunicación con el padre (en el caso de un problema personal).
  • 25% externa una pobre comunicación cotidiana con el padre.
  • 60% considera que la familia debe ser muy unida.

Grupo MA

  • 68% de los sujetos del grupo MA tienen una cercana comunicación con la madre.
  • 35% sostienen comunicación con el padre en momentos de problemas personales.
  • 60% consideran que es satisfactoria su comunicación cotidiana con el padre.
  • 70% afirma que la familia debe ser muy unida.

Las características del tipo de familia que presenta la población investigada destacan una fuerte unión familiar, principalmente centrada en la madre, con quien se mantiene una mayor unión y comunicación, siendo más significativa en el grupo MA. En ambos grupos prevalece mejor comunicación con la madre. La comunicación cotidiana positiva con el padre prevalece en el grupo MA. Los jóvenes de ambos grupos perciben en sus familias gran valor en cuanto a la unión de la familia en toda situación.

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Conclusiones

Los trastornos alimenticios son enfermedades conductuales devastadoras, producidas por una compleja interacción de factores, que pueden incluir trastornos emocionales y de la personalidad, presiones familiares, una posible sensibilidad genética o biológica y el hecho vivir inmersos en una cultura en que existe la contradicción entre una oferta abundante de comida y una obsesión por la delgadez.

Sobre la primera hipótesis, acerca de que la familia disfuncional aumenta la posibilidad de la aparición de anorexia y/o bulimia nerviosa en los adolescentes de diferentes estratos sociales, los resultados del estudio señalan la insuficiente comunicación en los momentos de aparición de los problemas que afrontan los jóvenes en esta etapa de vida, que por sí misma es difícil (cambios hormonales, búsqueda de identidad, primeras relaciones sexuales y demás). La tradicionalmente defendida unión familiar en nuestra cultura puede ser un factor influyente en la segregación e individuación de los jóvenes. El entendimiento de la lealtad familiar no significa, necesariamente, el cumplimiento irracional de expectativas del otro. Obviamente, las familias disfuncionales aumentan el riesgo de este trastorno. Los jóvenes perciben la desestructuración familiar en forma de tensión, ansiedad, frustración e insatisfacción para consigo mismo. Esto aumenta su posible desequilibrio emocional.

Respecto de la segunda hipótesis, referida a que la incidencia de los trastornos de alimentación es mayor en jóvenes de clase media alta, no pudo comprobarse. Anteriormente, los trastornos alimenticios se consideraban como un problema propio de las clases sociales altas; sin embargo, la investigación realizada descubrió que actualmente el problema abarca todos los estratos sociales. Para su comparación se ofrecen los datos obtenidos.

Cuadro 1. Porcentaje de síntomas de trastornos alimenticios.

Síntomas

Incidencia en grupo de clase media alta

Incidencia en grupo de clase media baja

 

Diario

Ocasional

Diario

Ocasional

Dieta restrictiva

3%

21%

4%

22%

Vómito autoinducido

0%

1%

2%

7%

Uso de laxantes

0%

3%

1%

4%

Uso de diuréticos

1%

2%

1%

3%

Atracones de comida

4%

26%

2%

22%

Ejercicio excesivo

45%

37%

4%

24%

En cuanto a la incidencia, los datos indican que uno de cada cuatro jóvenes puede considerarse como sujeto en riesgo de padecer trastornos de alimentación como son anorexia o la bulimia nerviosas en cualquiera de sus fases, ya que actualmente presentan uno o varios síntomas relacionados con dichas enfermedades.

El 15% de la población en ambos grupos revela no estar satisfecho con su figura corporal. La percepción de sí mismo, es de gordura aunque ésta no sea comprobable ni en su apreciación visual ni en la balanza, situación que sugiere cierta predisposición entre los sujetos de estudio hacia la búsqueda de una figura más delgada y, por tanto, hacia la sintomatología de algún trastorno de alimentación como forma de equilibrio de su imagen corporal, misma que autoevalúa como deformada. El 20% de los sujetos acepta tener miedo y preocupación a engordar, dato que insinúa la presión sentida por forjarse una figura esbelta; éste sería un probable potencializador para producir trastornos de alimentación

Asimismo, alrededor del 20% de la población estudiada experimenta presiones por una presunta exigencia de sus iguales y el sexo opuesto por tener una figura delgada. Si consideramos su etapa de desarrollo, en la cual es de suma importancia el sentimiento de pertenencia hacia el grupo de iguales, puede inferirse que la presión sentida los coloca en virtual posición de riesgo para la aparición de trastornos de alimentación, como una forma de responder a las expectativas de imagen impuestas por sus pares.

En cuanto a las características familiares, es posible observar aspectos como la gran unión a la figura de la madre, percepción de un padre más distante ante las situaciones personales problemáticas. En este sentido, destaca que valores como la lealtad familiar y la unión de la familia a toda costa entorpecen la libertad individual de los jóvenes. Dichos elementos favorecen que se viva con dificultad el proceso de separación-individuación, dado que puede ser percibido como una traición hacia la familia.

Lo antes expuesto permite suponer que las familias generan condiciones propicias para exacerbar la crisis de la adolescencia, ya que la adquisición de la autonomía es vivida con mayor dificultad al tiempo de constituirse en terreno fértil para el conflicto entre crecer-alejarse del núcleo familiar y seguir siendo niña o niño–leal a la familia.

En este sentido, los aspectos más sobresalientes se centran alrededor de una familia disfuncional, con alteraciones en los patrones de comunicación, fronteras y límites difusos, jerarquía inapropiada y un código de lealtad y unión familiar rígida. La anorexia y la bulimia nerviosas constituyen un fenómeno complejo, que no puede entenderse sólo como resultado de un desequilibrio psíquico, responden a un modelo ecológico; es decir, a un compendio multifactorial en donde la familia, la sociedad y la economía tienen una influencia en su aparición y mantenimiento.

El reto de nuestra sociedad, con ayuda de los especialistas en educación, salud y comunicación, entre otros, es profundizar en el estudio del problema para actuar en la profilaxis o, en su defecto, en un diagnóstico y tratamiento oportunos del problema, abordándolo desde una perspectiva multidisciplinar.

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Referencias

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Acerca de la autora

Mariamparo A. Hernández García
Realizó estudios de maestría en Orientación y Terapia Familiar, Universidad Iberoamericana. Especialidad en Terapia Breve por el Instituto Milton Erickson de Monterrey, N.L. Estudió Psicología en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Experiencia laboral de 15 años en consultorio psicoterapéutico. Catedrática de la Universidad del Valle de México, Campus Saltillo, profesor investigador y coordinadora del Departamento de Psicología Preventiva de la Universidad Autónoma de Coahuila.

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