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Antecedentes
De los diferentes tipos de organizaciones, las empresas, es decir, las que se dedican a los negocios, desempeñan un papel protagónico en la sociedad actual; por tanto, el proceso administrativo en la misma y los valores bajo los que se conduzca adquieren también relevancia de orden social.
Dentro de los diferentes enfoques de la administración, el situacional es el que ha hecho hincapié en analizar la relación de la empresa con su medio ambiente [1]. Este enfoque establece que no existe una manera única de organizarse, y todo depende de las características del entorno, en un momento dado, que sean de interés para la organización.
La organización debe adquirir una estructura con la suficiente flexibilidad que permita hacer frente al constante cambio que se pueda dar en el ambiente. Este tipo de estructura se conoce como orgánica y contrasta con la estructura más tradicional conocida como mecanicista. El Cuadro 1 muestra un resumen de las características de una y otra. Desde el punto de vista situacional, será el medio ambiente, en un momento dado, el que determine la estructura que deberá adoptar la organización.
Cuadro 1. Estructuras orgánica y mecanicista. Características básicas
Estructura orgánica |
Estructura mecanicista |
Estructura organizacional flexible.
Los cargos se modifican y redefinen debido a la interacción de los demás individuos de la organización.
Descentralización de las decisiones.
Reconocimiento de la organización como activo importante.
Predominio de las interacciones lateral y horizontal sobre la vertical.
Mayor alcance de la amplitud de control del supervisor.
Más confianza en las comunicaciones.
Énfasis en los principios de la teoría de las relaciones humanas. |
Estructura burocrática basada en la división del trabajo. Cargos ocupados por especialistas en las respectivas tareas.
Centralización de las decisiones, generalmente tomadas en la cúpula de la organización.
Autoridad y mando basado en la jerarquía.
Predominio de la interacción vertical.
Énfasis en las reglas y procedimientos definidos por escrito.
Énfasis en los principios de la teoría clásica. |
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Fuente: Chiavenato (2000)
Si bien el enfoque situacional parece ofrecer una respuesta satisfactoria al problema de enfrentar con éxito al dinámico ambiente actual, su postulado principal, el relativismo, deja un importante vacío respecto de cómo debe ser la conducta de la organización y su responsabilidad con el entorno. En los dos modelos de organización que considera, no se menciona cómo debe ser su conducta en relación con su entorno social y natural.
Al considerar a la empresa como un medio de adentrarse en la actividad económica y de negocios, es necesario establecer entonces un código de conducta que norme su desempeño y considere sus relaciones con el cliente, con otras organizaciones, consigo misma y, en general, con el entorno. El problema de definir tal código, y la validez universal del mismo, no es ni ha sido trivial, tan es así que en los años setenta del siglo pasado el concepto de ética de los negocios se hizo presente en los foros de discusión sobre la empresa. Dependiendo de la perspectiva desde que se enfoca la definición el concepto, ha recibido diferentes nombres: ética empresarial, ética de la gestión, ética de la organización, etc. [2]
Con frecuencia se plantea que existe una profunda dicotomía entre el beneficio económico y el actuar honesto. Como nos dice Sen [3]: “Pareciese que se debe permitir al economista una dosis moderada de bondad, con tal que en sus modelos económicos mantenga las motivaciones de los seres humanos puras, sencillas y realistas, y no las eche a perder con cosas tales como la buena voluntad o los sentimientos morales”. En este trabajo se sostiene que tal perspectiva es artificial y que la administración de la empresa no entra en conflicto con la observancia de principios éticos.

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Ética
Antes de abordar una definición formal de la ética, conviene recordar que desde la antigüedad ha sido una preocupación fundamental, precisar las condiciones que hacen posible la vida buena o, como dice Aristóteles [4], la eudemonía. “El e stagirita” establece que la vida humana sólo tiene pleno sentido cuando se desenvuelve en sociedad; en sus obras relativas a la ética reflexiona sobre la elección del mejor modo de vida que permita alcanzar el mejor bien posible. Parece natural, entonces, la asociación del hombre en organizaciones como parte de la búsqueda de la obtención del bienestar y la felicidad. Al estar formadas por personas, las organizaciones deben conducirse de manera congruente con la conducta que las personas observan al tratar de encontrar una vida mejor. Los atributos del “todo” no deben entrar en conflicto con los atributos de las “partes”.
A la cuestión de qué es la ética, el Diccionario de la Lengua Española [5], de la Real Academia Española, dice:
“Del latín eth i ca. Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana.” Esta definición, con todo y su aparente simplicidad, dice de manera muy clara que la ética no depende del medio ambiente en el que se desenvuelva la persona ni del propósito de las actividades que desempeñe; la ética no puede estar sujeta a ningún tipo de relativismo.
Y en Abbagnano [6]:
“Ética es, en general, la ciencia de la conducta. Existen dos concepciones fundamentales de esta ciencia, a saber: 1) la que la considera como ciencia del fin al que debe dirigirse la conducta de los hombres y de los medios para lograr tal fin y derivar, tanto el fin como los medios, de la naturaleza del hombre; 2) la que la considera como la ciencia del impulso de la conducta humana e intenta determinarlo con vista a dirigir o disciplinar la conducta misma. Estas dos concepciones hablan dos lenguajes diferentes. La primera, en efecto, habla el lenguaje del ideal al que el hombre se dirige por su naturaleza y, en consecuencia, de la “naturaleza” del hombre. La segunda, en cambio, habla de los “motivos” de la conducta humana o de las “fuerzas” que la determinan y pretende atenerse al reconocimiento de los hechos.”
Al primer planteamiento es al que se reconoce como clásico, pues fue sustentado por Platón, Aristóteles, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino [7].
Carlos Llano, nos dice que la Ética es “el saber que contiene las disposiciones necesarias para que el hombre se desarrolle en plenitud y alcance una vida lograda. Los imperativos éticos son, pues, indicaciones que señalan el camino que conduce al desarrollo del hombre”; por lo tanto, se debe considerar a la ética como la ciencia que oriente y permita el desarrollo de las capacidades personales del individuo. Es necesario hacer hincapié en que este punto de vista plantea que la ética es más motor que freno, pues su propósito no es restrictivo, por el contrario, lo que ofrece es un modo de vivir de manera tal que el hombre alcance su plenitud.
Afortunadamente, el pluralismo cultural y las diferentes concepciones ético-filosóficas no han sido obstáculo para que se manifiesten diferentes voluntades en la definición de un código aceptado universalmente, como lo expresa Aresti [8].

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El impulso biológico de la conducta ética
Así como la familia constituye la unidad social básica y la bacteria es la unidad autónoma de materia viva más simple, el eucarionte unicelular es la primera organización viva en la que cooperan seres más sencillos de nivel inferior. A esta etapa de integración se denomina cooperón celular [9]. La siguiente etapa se da 800 millones de años más tarde con la aparición del cooperón multicelular. Después de ésta, se da la aparición de una forma de asociación que reunía a organismos multicelulares de la misma especie en comunidades estables y organizadas: las sociedades. Este momento de la evolución corresponde al cooperón social. Cada una de estas etapas representa un avance en los niveles de cooperación de los individuos involucrados.
Como dice Jaisson: “Si es verdad que en la naturaleza surge – como un hecho de la evolución – una forma de vida que organiza la existencia de los individuos en sociedades, entonces, tal modo de vida debe presentar ventajas adaptativas y evolutivas que justifiquen su éxito”.
El siguiente paso, según el autor de referencia, lo constituye el cooperón suprasocial o cultural, es decir, la sociedad de sociedades; la conducta altruista de sus miembros determina la base del progreso y la continuidad de esta estructura, en oposición a la conducta egoísta que puede conducir, en caso extremo, a la desaparición de la especie. |
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La naturaleza nos señala de esta manera que entre el bienestar de la sociedad y el bienestar del individuo existe una relación biunívoca y, por tanto, no debe haber conflicto entre el código de conducta del individuo y el de las organizaciones sociales, cualesquiera que sean los fines de éstas.
Diversos autores han revisado la función y el valor de conceptos tales como el compañerismo, la sencillez, la lealtad, la confianza; la profundidad, el tacto y la sensibilidad humanas; la comprensión de las diferencias, la superación del individualismo; la importancia del hombre sobre el sistema y la técnica, y la austeridad [10]. Precisamente estos conceptos giran alrededor del altruismo y nos permiten un enfoque en perspectiva: si el individuo participa de manera activa en el progreso del cooperón social, entonces la organización debe colaborar para el desarrollo del cooperón cultural – la sociedad de sociedades –. La evolución del ser humano debe ser de hombre pensante a hombre ético.

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Empresa
Si estamos hablando de organizaciones y negocios, entonces conviene establecer el concepto de empresa , esto es, la organización que se dedica a hacer negocios. Dado que cuando hablamos de ética, no podemos dejar de desempeñarnos en un plano filosófico, entonces debemos enfocar a la empresa desde un punto de vista válido desde tal plano; una descripción apta para la consideración moral de la organización – la empresa – “es aquella que la defina en cuanto comunidad de personas que aportan conjuntamente su trabajo directivo, su trabajo operativo y su inversión (en cuanto trabajo suyo o de los suyos acumulado en forma material).
Así descrita la organización, el acento no se coloca en lo que las personas aportan, sino en las personas que aportan ” [11]. Esta reflexión tiene una capital importancia, pues lo que nos precisa es que la calidad como persona de los miembros de la organización no es función de las tareas que desempeñan. Para alinearse con esta posición, la empresa debe formular un código ético – código de conducta – que permita que tanto lo que hace la empresa como el modo en que lo hace respondan a los principios éticos universalmente aceptados, considerando, desde luego, conceptos tales como libre mercado, competencia económica, propiedad privada, etc.
Ha de tenerse en cuenta que el código de conducta, como toda norma, representa un ideal de comportamiento; pero el comportamiento real no reside en la norma, sino en la virtud del individuo para actuar de modo tal que su ser se expansione, expansión que se encuentra señalada en el código normativo. El código se puede aprender; la virtud, en cambio, debe adquirirse.
En la búsqueda de un código que tenga aceptación universal, existen tres prácticas o estrategias [12] en las que se han involucrado los ejecutivos de empresas (vale decir, los encargados de la administración) y otras instancias de alcance internacional:
- Regulaciones en los acuerdos y tratados internacionales.
- Códigos globales de conducta en los negocios.
- Restricciones voluntariamente autoimpuestas por ejecutivos y empresas.
Cavanagh nos plantea en su texto las siguientes preguntas: ¿Qué estrategias son más apropiadas para ayudar a que las empresas alcancen operaciones éticas para todos los inversionistas? y, ¿bajo qué circunstancias son estas estrategias apropiadas? Responder estas cuestiones es un imperativo en las actuales condiciones de economía global; condiciones en las con facilidad los capitales emigran de un país a otro buscando condiciones de máxima rentabilidad, sin preocuparse bajo qué condiciones éticas las alcanzan.
El Cuadro 2 muestra los principales códigos globales de conducta y sus orígenes.
Cuadro 2. Códigos globales de conducta de negocios
Autor del código |
Código |
Año de iniciación |
Ejecutivos de negocios de Europa, Japón y EUA |
Caux Round Table's Principles for Business |
1996 |
Rev. Leon Sullivan y ejecutivos de negocios |
Global Sullivan Principles |
1999 |
Koffi Annan y ejecutivos de negocios de todo el mundo |
United Nations Global Compact with Business |
2000 |
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Fuente: Cavanagh (2004, p. 232)
El Cuadro 3 presenta, a modo de ejemplo, algunos de los principios formales de moralidad que deben considerarse en la formulación de un código ético para cualquier organización.
Cuadro 3. Principios formales de moralidad
El bien debe seguirse y el mal evitarse.
No deben emplearse medios moralmente malos aunque los fines sean buenos.
No deben perseguirse fines buenos que al alcanzarlos tengan efectos malos.
Ha de considerarse valioso, todo aquello que contribuya al desarrollo del hombre.
Hay valores que son objetivos válidos para toda persona y cultura.
El hombre debe adquirir las capacidades necesarias para alcanzar una vida plena.
La persona nunca debe considerarse como medio, sino como fin.
El bien no es menor porque beneficie a otro ni el mal es mayor porque me perjudique a mí.
Prohibir no es malo ni permitir es bueno, pues malo es prohibir lo bueno y bueno prohibir lo malo. |
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Fuente: Llano (1997, p. 89-102)
Conviene tener presente la siguiente reflexión: los principios universales deben distinguirse de las opiniones personales; los primeros son permanentes, las segundas no sólo pueden sino que, en ocasiones, deben cambiar. No pocas veces, a lo largo de la historia, se han considerado como normas intransgredibles las opiniones personales del gobernante o del grupo de poder en turno, y después se han cambiado, ajustado, olvidado o, inclusive, repudiado.

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Ética de los negocios
Gélinier [13] denuncia a los partidarios del minimalismo ético: “Los deberes morales, dicen, se refieren a la vida privada. En cuanto a los negocios, vienen regidos por las restricciones legales y por las de los mercados competitivos”.
El adalid de este punto de vista es Milton Friedman; en su ensayo The Social Responsibility of Business Is to Increase Its Profits , publicado en el New York Times Magazine en septiembre de 1970, establece que la responsabilidad de la administración de una empresa es incrementar el beneficio de los inversionistas mediante la búsqueda de las utilidades. Como nos dice Wilckle [14], las implicaciones de este punto de vista radican en que la administración de la empresa no puede hacer uso de su libre albedrío para gastar recursos de la misma en otro fin que no sea incrementar las utilidades, incluyendo, desde luego, a los propósitos sociales.
Esta tesis se ha usado como estandarte para justificar tanto la no participación de la empresa en actividades de orden social como la argumentación a favor de prácticas como el lobbying en la búsqueda de cambiar las reglas que norman la participación empresarial en algunos sectores económicos. El impacto de esta posición ha sido importante, pues ha permitido que mediante prácticas poco transparentes algunas empresas obtuvieran posiciones privilegiadas en diferentes mercados sin considerar los principios del libre mercado y la libre competencia.
La empresa, como cualquier creación humana, es reflejo de sus creadores; es, de hecho, catalizador de virtudes y defectos de los individuos que la integran, luego es necesario trasladar a la conducta de la empresa los principios éticos que norman la conducta del hombre.
En Andrews [15] se identifican tres retos, al afrontarse permiten crear un ambiente ético en la empresa:
- Desarrollar gerentes y empleados como individuos morales y éticos.
- Construir una cultura en la cual la comunidad comparta estrategias, valores y estándares de conducta.
- Formular e implementar de manera explícita políticas de conducta ética, y proveer los mecanismos que aseguren que las políticas sean observadas.
Desde un punto de vista totalmente pragmático, a una empresa le cuesta más actuar de una manera no ética que cuando lo hace de una manera ética, según vemos en Gagne et al. [16]. Estos autores también mencionan que el Centro de Recursos Éticos (Ethics Resource Center) sugiere que, para evitar otro caso como el de la empresa Enron [17], se lleven a cabo las siguientes acciones:
- Realizar una evaluación formal de la cultura corporativa.
- Evaluar el código ético en los más altos niveles de consideración.
- Hacer público el compromiso de ser una empresa ética.
- Hablar frecuentemente con los empleados.
- Entrenar y capacitar a los empleados en sus responsabilidades éticas.
Resulta también importante desmitificar algunas antiguas perspectivas que se suelen tener frente a la ética en los negocios, estos mitos son:
- Mito 1. La ética es más una cuestión religiosa que administrativa.
- Mito 2. Nuestros empleados son éticos, ergo no necesitamos ocuparnos de la ética del negocio.
- Mito 3. La ética en los negocios es una disciplina que puede ser manejada mejor por filósofos, académicos y teólogos.
- Mito 4. La ética de los negocios es superflua, basta actuar bien.
- Mito 5. La ética en los negocios se trata de “los buenos predicando a los malos”.
- Mito 6. La ética en los negocios es una nueva moda.
- Mito 7. La ética no es objeto de administración.
- Mito 8. Ética de los negocios y responsabilidad social son lo mismo.
- Mito 9. Nuestra organización no tiene problemas legales, por lo tanto somos éticos.
- Mito 10. Ocuparse de la ética del negocio es irrelevante.
Estos mitos provocan confusión; algunos provienen de visiones demasiado simplistas [18].
Existe actualmente una profunda preocupación por la degradación en el comportamiento ético de las empresas. Gélinier [19] nos presenta esta definición de ética en los negocios: “La ética es el arte del éxito a largo plazo, que supone el bien propio (en negocios, la eficacia), pero sólo con respeto a los demás (deontología)”. Este autor nos dice que esta definición se puede representar con la siguiente ecuación:
Ética = Eficacia + Deontología
La organización europea EBEN [20] establece: “La ética de los negocios es una reflexión sobre las prácticas de negocios en la que se implican las normas y valores de los individuos, de las empresas y de la sociedad”.
Actualmente, muchas empresas prefieren hablar de “reglas de conducta en los negocios” que de ética. Cualesquiera que sean los términos, lo esencial es constituir las normas que conduzcan a un comportamiento honrado en los negocios, pese a polémicas como las que se dan respecto a la aplicación de la filosofía política a la ética de los negocios [21]; es el punto de vista que aquí se considera, es decir, que tanto Estado como empresa, al ser manifestaciones de la vida social de la persona, deben contemplar la aplicación de los mismos valores, aunque el código que los exprese utilice un lenguaje diferente.
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Por otra parte, no basta con establecer un código ético, también se deben crear los mecanismos que permitan cerciorarse de que el código se está siguiendo. Aunque de manera reciente y como consecuencia de algunos escándalos internacionales – como el ya mencionado de la empresa Enron –, dichos mecanismos han conducido a la formalización de normas que obligan a la constitución y observancia de códigos éticos. En Estados Unidos, la guía de auditoría Consideration of Internal Control in a Financial Statement Audit del American Institute of Certified Public Accountants dice: “Integridad y valores éticos son elementos esenciales del ambiente de control, que afectan el diseño, administración y monitoreo de otros componentes de control interno. Integridad y comportamiento ético son el producto de la cultura corporativa de la entidad... Estos valores incluyen acciones administrativas para remover o reducir incentivos y tentaciones que puedan promover al personal a involucrarse en actos deshonestos, ilegales o no éticos” [22]. |
Una manera de verificar que se cuenta con un ambiente ético consiste en determinar cuántas de las características éticas que posee una organización saludable y próspera se encuentran en la propia empresa. En la siguiente lista se enumeran algunas de esas características:
- Integridad incuestionable en todos los niveles. Honestidad y transparencia en la gestión.
- Una actitud de resolver el problema, y no de cubrir la vergüenza.
- Apertura para tomar riesgos. La innovación requiere tomar riesgos dentro de un marco de control, pero también de confianza.
- Aceptar errores y aprender de ellos.
- Compromiso para “ser lo mejor que podamos ser”.
- Colaboración y pensamiento integral.
Herramientas como entrevistas, encuestas y focus groups deben usarse para determinar el estado del clima ético en la organización [23].

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Ética y avances tecnológicos
Los avances tecnológicos parecen ser quienes mayores desafíos presentan a una visión ética de la vida actual, particularmente cuando tienen por objeto la vida misma. Conceptos como bioética cobran mayor relevancia día por día. Pareciese redundante hablar de una ética de la vida; sin embargo, dado el campo cada vez más amplio en el que se desarrolla el quehacer humano, no resulta ocioso plantearse algunas especializaciones.
Por bioética entendemos la disciplina científica que se refiere a las ciencias de la salud y a la biotecnología. Un campo de particular importancia es el que se refiere a la experimentación con seres humanos; este problema condujo a la elaboración del Belmont Report por parte de la Comisión Nacional para la Protección de Personas Objeto de Experimentación Biomédica. En el reporte se enunciaron los principios que se muestran en el Cuadro 4.
Cuadro 4. Principios de bioética del Belmont Report
Principio 1 |
El respeto por las personas, que incorpora al menos dos convicciones éticas:
Los individuos deben ser tratados como seres autónomos.
Las personas cuya autonomía esté disminuida deben ser objeto de protección. |
Principio 2 |
Las personas son tratadas de una forma ética, no sólo respetando sus decisiones y protegiéndolas del daño, sino también haciendo un esfuerzo por asegurar su bienestar. |
Principio 3 |
El principio de justicia, que intenta responder a la pregunta “¿quién debe recibir los beneficios de la investigación y sufrir sus cargas?” |
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Fuente: Cortina, A. (2001, p. 225)
La situación no es, de ninguna manera, un problema abstracto, y tiene su efecto directo en el campo de los negocios: ¿qué tan legítimo es comercializar medicamentos que fueron desarrollados y generados a través de la experimentación en seres humanos? Un caso igual de complejo es el que se plantea al utilizar partes de cadáveres, de personas ejecutadas legalmente, para la producción de diferentes productos, incluso de índole cosmética [24]. Otro aspecto de esta confrontación tiene que ver con el proyecto del Genoma Humano y sus aplicaciones en el campo de la medicina y la farmacéutica.

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¿Qué pasa en México con el enfoque ético?
En México, los conflictos entre la actividad empresarial y el concepto de ética se manifiestan en dos vertientes: primera, el daño de índole ecológico que una multitud de empresas causa sin, aparentemente, el menor pudor y remordimiento.
La deforestación y la contaminación de los mantos freáticos y los cauces de agua dulce, son ejemplos del daño que se puede causar al entorno y a la sociedad cuando, por una parte, no se analizan las consecuencias de la operación industrial bajo la perspectiva de una conducta ética y, por otra, y aquí se manifiesta la segunda vertiente, cuando, a pesar de tenerse identificados los problemas, no sólo no se toman acciones correctivas, sino que se amplía la brecha entre la empresa y la ética, al recurrirse a diferentes formas de corrupción con tal de evadir el castigo y continuar con el mismo ciclo perverso, pues “la realidad social permea las relaciones entre los individuos y entre las agrupaciones que la conforman, en un entramado con vasos comunicantes que potencian el comportamiento y las acciones de las personas” [25].
En México, la corrupción constituye, sin duda, el mayor enemigo del desempeño ético a todos los niveles; basta recordar que según el Índice de Percepción de Transparencia de la Corrupción 1996-2001, emitido por la ONG Transparencia Internacional , México ocupa el lugar 51, de 91 países, con una calificación de 3.3, donde 10 es nada corrupto y 0 es totalmente corrupto [26]. Lo anterior nos ilustra la necesidad de recuperar en nuestro país una conducta ética en lo público y en lo privado.

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Conclusiones
La economía global y el desarrollo tecnológico plantean problemas que en el pasado no se daban. La búsqueda de códigos de conducta de alcance internacional ha tenido diferentes grados de éxito; sin embargo, el esfuerzo para encontrarlos no debe disminuir, al contrario, este esfuerzo debe ser mayor. El Cuadro 5 muestra las ventajas y desventajas de las diferentes estrategias para alcanzar un código global de ética para los negocios.
Sin embargo, desde el punto de vista de las ciencias administrativas, lo importante no es cuál de las estrategias consideradas se aplique ni cuál de todas las propuestas de código ético se acepte – de hecho, el que exista tal diversidad de propuestas muestra la preocupación mundial sobre el tema – , lo que resulta insoslayable es la necesidad de que los encargados de la dirección de los negocios adquieran conciencia de que su conducta profesional no puede estar divorciada de los principios éticos que deben regular su vida privada, y de que la conducta ética de la empresa no es una abstracción, y tiene un efecto directo en el medio ambiente y en las personas.
Ya sea que se considere que el actuar del hombre esté condicionado por un impulso biológico o determinado por el comportamiento racional, “el desarrollo de la sociedad sólo es posible a través del desarrollo de los individuos que la integran” y “no es la sociedad la que perfecciona al individuo, sino es éste quien posibilita la perfección de aquélla” [27]. Por lo tanto, la ética de la organización debe estar alineada con la ética de la persona, como nos dice Medina [28]: “La organización debe ser productiva y elaborar bienes y servicios de calidad; además, debe ser una entidad al servicio de sus integrantes y la sociedad”. Este enfoque de servicio debe conducir a la espiral virtuosa de desarrollo del individuo y de la sociedad a la que pertenece.
El futuro de las empresas está indisolublemente unido al comportamiento ético que asuman sus administradores.
Cuadro 5. Estrategias para alcanzar un código global de ética para los negocios
Estrategia |
Ventajas |
Desventajas |
Regulación |
Proporciona guías claras aplicables a todos.
Disminuye ventajas al que “se va por la libre”.
Proporciona métodos de obligatoriedad.
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Difícil de negociar.
No es efectiva sin controladores y sanciones.
A la administración no le agradan los controles globales.
Un país puede permanecer fuera del tratado o acuerdo.
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Códigos internacionales |
Enfocan a la administración en los puntos éticos.
Fáciles de apoyar, pues no son coercitivos.
Inician la cooperación y la comunicación.
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Muchas naciones y empresas no participan.
La administración teme las implicaciones legales.
No hay obligatoriedad de control o sanciones.
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Autorrestricciones |
Facilitan que los inversionistas identifiquen a las empresas éticas.
La administración anticipa las regulaciones.
No hay restricciones limitativas.
Se aplican a falta de un código sobre el tema.
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Inadecuadas para manejar algunos temas o conceptos.
Proporcionan resultados irregulares a largo plazo.
Dan ventajas financieras a empresas no éticas.
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Fuente: Cavanagh (2004, p. 639)

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Referencias
[1] Chiavenato, Introducción a la teoría general de la administración , segunda edición breve.
[2] Cortina, Ética aplicada y democracia radical.
[3] Amartya Sen, economista hindú que obtuvo el premio Nobel de Economía en 1998 por sus trabajos de economía sobre el bienestar. El comentario aquí referido proviene de su obra Sobre ética y economía.
[4] La traducción consultada de la Ética Eudemia , de Aristóteles, es de 2002.
[5] http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?TIPO_HTML=2&LEMA=%E9tica
[6] Abbagnano, Diccionario de Filosofía.
[7] Llano, Dilemas éticos de la empresa contemporánea.
[8] Aresti, artículo aparecido en el Periódico Excelsior.
[9] Jaisson, La hormiga y el sociobiólogo.
[10] Llano y García, “Ética, empresa y persona”, en C. de la Isla (compilador), Ética y empresa.
[11] Llano, op. cit.
[12] Cavanagh, “Global Business Ethics: Regulation, Code, or Self-Restraint”, Business Ethics Quarterly.
[13] Gélinier, Ética de los negocios.
[14] Wilckle, “An Appropriate Ethical Model for Business and a Critique of Milton Friedman's Thesis”, The Independent Review.
[15] Andrews, “Ethics in Practice”, Harvard Business Review.
[16] Gagne, “Assessing the Costs and Benefits of Ethics: Exploring a Framework”, Business and Society Review.
[17] La empresa Enron se consideraba, en el sector energético, una de las más sólidas en el mundo; sin embargo, a finales de 2001 se declaró en bancarrota. Se descubrió que se sostenía gracias a sistemáticas y bien planeadas alteraciones en su contabilidad.
[18] McNamara, http://www.managementhelp.org/ethics/ethxgde.htm
[19] Gélinier, op. cit.
[20] European Business Ethic Network, mencionada en Gélinier, 1994.
[21] Moriarty, “On the relevance of political philosophy to business ethics”, Business Ethics Quarterly.
[22] Verschoor, “The e thical c limate b arometer”, Internal Auditor, October 2004, p. 50.
[23] Ibíd. , p. 52.
[24] Miguel, Periódico La Jornada.
[25] “Hacia una cultura de ética social”, texto sin crédito de autor consultado el 26 de abril de 2006 en http://www.ipade.mx/contenidos_home3/pdf/eticaSocial.pdf
[26] Ídem.
[27] Llano, op. cit.
[28] Medina, “Es posible armonizar los principios éticos con la eficiencia empresarial”, en C. de la Isla (compilador), Ética y empresa.

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Acerca de los autores
José Alejandro Ramírez Flores. Maestro en Administración con especialidad en Comercialización Estratégica por la UVN ; ingeniero mecánico electricista Autónoma de México; cursa actualmente el doctorado en Ciencias con especialidad en Ciencias Administrativas en la Escuela Superior de Comercio y Administración del Instituto Politécnico Nacional; profesor en la maestría de Administración de la UVM-Campus San Ángel. Se desempeñó por más de una década como gerente de producción del Fondo de Cultura Económica; actualmente es gerente de compras del grupo Librerías Gandhi. Ha publicado desde artículos de divulgación en revistas especializadas sobre la industria editorial hasta obras de ficción.
Zacarías Torres Hernández. Es doctor en Ciencias con especialidad en Ciencias Administrativas; maestro en Ciencias con especialidad en Economía Industrial por el IPN, e ingeniero químico egresado de la Facultad de Química de la UNAM. Fue jefe de la sección de Estudios de Posgrado e Investigación en la ESCA-IPN. Es investigador y profesor titular en el IPN. Como investigador, ha dirigido siete proyectos de investigación científica y tecnología relacionados con: Estructura y Procesos Organizacionales; Productividad; Administración de Negocios Ambientales, y Competitividad. Profesor de asignatura en la maestría de Administración de la UVM-Campus San Ángel. Sus artículos se han publicado en las revistas Omnia, Investigación Administrativa, Emprendedores y Ciencia Nicolaíta.
