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.Universidad del Valle de México :: Rectoría Institucional. Episteme No. 8-9. Año 2, Octubre-Diciembre 2006
Dirección Institucional de Investigación e Innovación Tecnológica

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Dominación y nuevos equilibrios
de poder mundiales

 

María Teresa Vega Esténs
UVM - San Rafael

 

Resumen
Se plantean las disyuntivas para la reformulación de la hegemonía de Estados Unidos en el mundo y la perspectiva teórica que parte del cambio tecnológico y la resolución de la crisis del capitalismo mundial. Esta restauración ha comprendido esfuerzos para desacelerar la declinación de EEUU, pero el fracaso en lograrla ha desembocado en su restauración forzada, representada por los neoconservadores. El triunfo de esta corriente desde el 11 de septiembre de 2001 significa el triunfo de la fuerza sobre el consenso y la imposición de políticas mundiales de esta potencia, derivando en la formación de nuevos equilibrios de poder mundiales, que hace más complejo el escenario internacional y la posibilidad de lograr los objetivos de EEUU.

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Antecedentes :: Significado de la hegemonía :: Declinación relativa de EEUU ::

Redefinición del equilibrio de poder :: Conclusiones ::

Referencias :: Bibliografía :: Acerca de la autora

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Antecedentes

La dominación de un país sobre el resto del mundo es propia de las potencias hegemónicas que logran llevar a cabo y encabezan un cambio tecnológico genérico y paradigmático, como han sido los casos, en los últimos siglos, de Gran Bretaña y de Estados Unidos.

La diferencia en el tiempo de ambos predominios radica en la duración de los ciclos de vida de las tecnologías y en los niveles de expansión mundial en términos económicos, militares, políticos, institucionales y sociales.

El paradigma de Gran Bretaña se impuso en un amplio periodo debido a la larga difusión en el tiempo de sus innovaciones [1], la expansión de sus inversiones en ultramar y la transferencia de sus beneficios financieros desde los territorios colonizados. La transición hacia la declinación hegemónica se produjo cuando sus niveles de productividad fueron rebasados por Estados Unidos y Alemania, y el dólar y el marco se aunaron a la libra esterlina como monedas internacionales de reserva para el financiamiento de las transacciones internacionales.

Estados Unidos en cambio, fundamentó su expansión en la difusión de las innovaciones en la industria del automóvil y algunas otras surgidas durante la Segunda Guerra Mundial, como el radar, el jet, las fibras textiles y la utilización del petróleo como fuente de energía. La guerra fría se convirtió en la política comercial para contener la expansión económica del bloque soviético al Occidente. La acelerada dinámica del cambio, la difusión tecnológica y la corta vida de los ciclos-producto impulsaron la transferencia de tecnologías y el crecimiento económico a otras naciones; asimismo, permitieron rentabilizar los gastos de investigación y desarrollo, y mantuvieron el pleno empleo doméstico. Todo esto y los costos de su expansión definieron la corta vida de la hegemonía norteamericana en términos absolutos [2].

El objetivo de analizar la hegemonía de Estados Unidos es ubicarla en el escenario del cambiante equilibrio de poder mundial, partiendo de las diferentes estrategias estadounidenses propuestas para contener y revertir su actual declinación relativa. Ello por las serias implicaciones que dichas estrategias podrían tener para el propio Estados Unidos y para el mundo.

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Significado de la hegemonía

De acuerdo con A. Gramsci, el teórico del eurocomunismo, el concepto de hegemonía es propio de los estados capitalistas desarrollados que cuentan con sociedades civiles, ideología, cultura e instituciones fuertes. Por tener un alto grado de desarrollo capitalista, la estrategia se fundamenta en una doble perspectiva de “dominación” y “dirección”, o fuerza y consenso. Por lo que se es dirigente en relación a las clases aliadas, y dominante en relación a las clases adversarias [3].

Gramsci destaca la hegemonía fundamentada en un ordenamiento económico, productivo, tecnológico y eminentemente cultural e ideológico, en torno a la construcción de bloques históricos e industriales, o de paradigmas tecnoeconómicos y sociales.

La causalidad hegemónica

Paul Kennedy coincide con A. Gramsci en cuanto a la causalidad tecnológica; en su libro El auge y caída de las grandes potencias [4] explica el posicionamiento hegemónico de los países en función de “diferencias en índices de crecimiento y cambio tecnológico que conducían a cambios en los equilibrios económicos mundiales, los cuales, a su vez, influían en los equilibrios político y militar” [5].

Es, entonces, que la base económica y tecnológica de un Estado se convierte en la fuerza que determina el poder militar y sus cambios y proyección frente a otras naciones. La declinación hegemónica la relaciona con el alto costo de la supremacía militar y de la expansión externa, que debilita la base económica cuando los nuevos avances productivos y tecnológicos conforman centros alternativos de poder mundial creando equilibrios inestables, cambiantes y relativos.

Kennedy también considera otros factores de tipo estructural, cultural e ideológico que interactúan con las determinaciones tecnológicas y económicas, tales como la situación geográfica, el sistema de alianzas económicas y políticas entre naciones y la organización social, política y militar. Son factores que permiten influir en el curso de la hegemonía de una nación para que ésta pueda trascender, por un tiempo específico, a la declinación tecnológica y económica.

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Declinación relativa de EEUU

La hegemonía de Estados Unidos se encuentra en un estado de declinación relativa. El predominio absoluto de Estados Unidos y el orden económico internacional que este país impuso desde la segunda posguerra enfrentaron serias amenazas de colapso por la crisis experimentada por su economía a niveles doméstico y mundial desde mediados de la década de los años sesenta.

Debido a la rápida difusión de sus tecnologías, su política para la reconstrucción de Europa y Japón y el menor costo de la mano de obra externa, las tasas de crecimiento de ahorro y productividad de Estados Unidos rápidamente fueron superadas por Europa y Japón. La crítica situación económica de EEUU se expresó en la pérdida de competitividad mundial cuando, en 1971, el país registró el primer déficit comercial de toda su historia económica.

El objetivo de todos los presidentes, desde Richard Nixon hasta G. Bush, fue restaurar el poder de Estados Unidos en el mundo, desacelerando el proceso de declinación por la pérdida de su supremacía en la producción mundial [6].

Para mantener su hegemonía “informal”, en la década de los setenta, Estados Unidos adoptó medidas para transformar el orden monetario internacional y el sistema de tipos de cambio. En las décadas posteriores, garantizó su rol hegemónico manteniendo la operación del sistema económico mundial, convirtiéndose en el consumidor de los países productores: Alemania y Japón; ajustó su economía, transfirió al mundo la inflación y los costos hegemónicos, contuvo los salarios, incrementó el gasto militar y abrió los mercados mundiales al comercio y a los flujos financieros en un esquema global, a fin de garantizar la expansión de sus corporaciones trasnacionales y sus exportaciones, y darse un compás de espera para realizar el cambio tecnológico que respaldaría su posterior crecimiento.

La desaceleración de la declinación

En estas tres décadas, Estados Unidos adoptó una política multilateral basada en el consenso y en la asociación internacional. Fue durante la Administración Clinton que se constituyeron las bases para el nuevo predominio tecnológico, al realizarse la revolución tecnológica y educativa y la reforma del Estado de bienestar social.

A pesar de algunos buenos resultados en la década de los noventa, tales esfuerzos probaron ser insuficientes. En gran medida, esto obedeció al reposicionamiento tecnológico y económico de Europa y Japón, que rivalizaron con la economía de EEUU, y al surgimiento de otras naciones del sudeste asiático que reubicaron la producción mundial por la presencia de una crisis sistémica y progresiva del capitalismo mundial, como consecuencia de un desequilibrio creciente en la formación y reestructuración de la demanda mundial, el agotamiento del paradigma tecnológico estadounidense y la expansión de las corporaciones transnacionales que tienden a minar los recursos y las ventajas productivas, especialmente del mundo en desarrollo, e impulsan ciclos económicos que son independientes y paralelos a las dinámicas de las economías nacionales.

La urgencia de la restauración

En el 2000, al ascenso de la administración Bush, la desaceleración de la relativa declinación de Estados Unidos no se revirtió, y tampoco se solucionó la crisis estructural del sistema capitalista. Especialmente desde el 11 de septiembre de 2001, cuando ocurrieron los ataques terroristas a Nueva York, se persiguió, con carácter urgente, la restauración forzada de la hegemonía económica de Estados Unidos, debilitándose su postura.

Desde la Administración Bush, las posturas de Estados Unidos se fueron radicalizando en torno a la adopción de políticas unilaterales y de fuerza, expresadas en las guerras de Afganistán e Iraq, estrechamente relacionadas con el aseguramiento del abastecimiento del petróleo. La política externa adoptó tintes maniqueos [7], y fue calificada de “colonizadora” e “imperialista”. La El gobierno de EEUU impuso programas al Congreso y al público en general con engaños.

Los resultados fueron los cambios en el equilibrio del poder mundial, cuando inició la manipulación de las instituciones supranacionales, como la ONU, para establecer consensos ficticios; y la utilización de la amenaza nuclear para lograr objetivos unilaterales, que no quedan lo suficientemente claros ni para sus aliados ni para el resto del mundo.

La restauración forzada también tiene el objetivo de crear las condiciones mundiales que favorezcan la apropiación de los recursos básicos y de las ventajas comparativas, en especial del mundo en desarrollo, para reducir los costos de los factores productivos y maximizar los beneficios económicos del mundo desarrollado, y así continuar garantizando su expansión y crecimiento.

Asimismo, representa una regresión histórica en la política económica y social hacia el resto del mundo, anulados el consenso y el liberalismo, éste último entendido como ideario económico-político. El reformismo, la distribución equitativa del ingreso, el multilateralismo y el bienestar doméstico, elementos de interrelación de la economía internacional, tienden a ser sustituidos por la fuerza y la dinámica del mercado y sus corporaciones [8].

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Redefinición del equilibrio de poder

El nuevo equilibrio de poder está influido por la emergencia geopolítica de la asociación entre París, Berlín y Moscú, y una posible alianza entre China, Francia y Rusia. Esta fue la respuesta europea a la restauración forzada de la hegemonía estadounidense, que también incluyó los intentos de Estados Unidos de separar Europa oriental de Europa en el escenario de las guerras de Afganistán e Iraq.

La gran masa continental euroasiática [9], región que concentra la mayor parte de la población, recursos naturales y actividad económica del planeta, podría convertirse en el gran escenario en donde Estados Unidos deberá defender su supremacía [10]. Francia y Alemania comparten el objetivo de una Europa unida, por lo que son los actores geoestratégicos del área. Francia comparte intereses con un grupo de estados mediterráneos y norteafricanos, y Alemania es la locomotora económica del área. Pero no se debe olvidar que Rusia estratégicamente representa el poder militar, lo que la convierte en un actor definitorio de esta región frente a los avances de EEUU.

En este tablero mundial también desempeña un papel importante Asia nororiental con la posible alianza y conjunción de acciones y objetivos de China, Corea y Japón. Esto y el surgimiento de potencias como la India, Sudáfrica (África) y Brasil (América Latina) igualmente vienen a cuestionar las pretensiones del reordenamiento estadounidense, alterando el equilibrio de poder regional y mundial.

El dilema: fuerza o consenso

A falta de la redefinición de un nuevo paradigma tecnoeconómico y social y de la garantía de una fuente segura de energía que sustituya las reservas declinantes del petróleo para el crecimiento futuro, Estados Unidos reforzó sus esfuerzos para recrear las condiciones de un nuevo patrón de acumulación global que le permitan continuar proyectando su crecimiento y expansión, frente al deterioro de la economía global.

Los representantes de la forzada restauración hegemónica son los neoconservadores o "halcones", adueñados de la maquinaria estatal desde el 11 de septiembre de 2001, quienes constituyen un segmento importante del capital estadounidense y mundial. Su objetivo es poner en marcha su Programa para un Nuevo Siglo Estadounidense del año 2000, que promovía la invasión a Iraq desde 1997. El enfrentamiento de esta corriente se produce en contra de la visión alternativa que se fundamenta en la unidad del capital, el multilateralismo y la cooperación, a través de la Comisión Trilateral y el Grupo de los Ocho.

Esta perspectiva, no concuerda con la política de EEUU hacia Europa y Japón, y tampoco en la forma en que se abordó la expansión de la economía global. Considera que el presente es un momento difícil porque la crisis de la hegemonía de Estados Unidos es la crisis del sistema capitalista como tal. Por lo tanto, la política para enfrentarla no debe minar las bases del proceso de acumulación y crecimiento mundiales de una economía que debe compartir objetivos y beneficios.

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Conclusiones

La hegemonía actual tiende a convertirse en un concepto altamente susceptible de ser redefinido porque se diluye en el espacio de la economía global donde se tienen cambios permanentes en actores, tecnología, expansión de los agentes corporativos y equilibrios de poder inestables. Por ello, la posición hegemónica es altamente vulnerable y cambiante como para ser reservada a una sola potencia y a su dirección mundial. Más bien, la redefinición hegemónica tendría que considerarse en el plano de la perspectiva global, donde las tecnologías surgen en diferentes naciones, los recursos tienden a ser disputados o compartidos y las relaciones económicas crecen en interdependencia.

Ello obliga a que los nuevos proyectos mundiales, necesariamente, tengan que ser incluyentes y participativos para lograr la expansión económica y establecer la apropiación de los beneficios. Estos proyectos tendrán que configurarse más sobre el consenso que sobre la fuerza para enfrentar, como colectividad mundial, los dilemas de la evolución económica y social, y generar las soluciones, que tendrían que ser compartidas y equitativas, para poder resolver la crisis del sistema capitalista, que es de signo global e interdependiente. En caso contrario, podrían tenerse consecuencias desastrosas para Estados Unidos y el mundo.

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Referencias

[1] La máquina herramienta y la máquina de vapor; las industrias textil, ferrocarrilera y naviera, y el carbón como fuente de energía.
[2] La hegemonía de Estados Unidos se estima de 1945 a 1965-70.
[3] Buci-Glucksmann: Gramsci y el Estado. Siglo XXI, 1979, pp. 76, 77, 83 y 21. La aplicación del término gramsciano de hegemonía se relaciona con el grado de evolución de los países occidentales con sociedades civiles e instituciones fuertes que deberían ser abordadas cultural, económica e ideológicamente, en vez de la sola utilización de la fuerza directa como fue el caso de la URSS, planteado por V. Lenin. Véase Portelli, Hughes: Gramsci y el bloque histórico. Siglo XXI, Bs. As., 1976, p. 68.
[4] Kennedy, Paul: El auge y caída de las grandes potencias. P & J, Barcelona, 1994, 998 pp.
[5] Ibíd., p.17.
[6] Wallerstein, I.: Estados Unidos confronta al mundo. Siglo XXI, México, 2005, pp. 10-12.
[7] La política exterior de Estados Unidos se ha expresado y sintetizado en el mundo con la frase: “con nosotros, o contra nosotros”.
[8] Wallerstein, Immanuel: Después del liberalismo. Siglo XXI, Bs. As., 2001, p. 250-268.
[9] Euroasia comprende desde Portugal hasta el estrecho de Bering y de Laponia a Malasia.
[10] Brezinski, Zbigniew: El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Paidós, Barcelona, 1998, p. 50.

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Bibliografía

Kennedy, Paul (1982). Auge y caída de las grandes potencias. Plaza & Janés, Barcelona, 1982, 998 pp.
Buci-Glucksmann (1979). Gramsci y el Estado. Siglo XXI, 170 pp.
Portelli, Hughes (1976). Gramsci y el bloque histórico. Siglo XXI, Bs. As.
Wallerstein, Immanuel (2005). Estados Unidos confronta al mundo. Siglo XXI, México, 2005.
Wallerstein, Immanuel (2005). Después del liberalismo. Siglo XXI, Bs. As., 2001.
Brezinski, Zbigniew (1998): El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Paidós, Barcelona, p. 50.

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Acerca de la autora

María Teresa Vega Esténs.
Tiene estudios de licenciatura en Ciencia Política; es egresada de la UAM – Iztapalapa; cuenta con maestría en Economía y Política Internacional en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE). Actualmente es candidata a doctora en Economía por la UNAM. Se ha desempeñado como investigadora en el CIDE y en el CONAPO, y como coordinadora del programa para el acercamiento con la comunidad mexicano-norteamericana. Como docente ha estado de 1981 a la fecha en varias universidades, incluyendo la UAM, el ITESM, la UIA y la UVM. Es autora de alrededor de quince publicaciones en revistas, además de otras en periódicos. Es presidenta de jurado y sinodal en cuatro tesis de licenciatura y maestría.

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